Mitos y leyendas de Granada: El arco escondido en el bosque de la Alhambra

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La Alhambra esconde muchos secretos. Algunos de ellos invisibles aún a nuestros ojos y que solo podríamos descubrirlos si alguno de los que habitó Granada durante la época musulmana viviese hoy en día. Pero hay algunos secretos que sí que están a la vista de todos y de los que pocos conocen su origen.

Este es el caso del arco que pueden encontrarse quienes suban a los bosques de la Alhambra en la ladera sur. Al final de la cuesta de Gomérez y una vez dentro de la arbolada, a la izquierda de la subida los visitantes verán de pronto un arco extraño. Podría ser una entrada oculta al castillo árabe pero no lo es. Tampoco es el viejo camino de una acequia sino que está colocado ahí por parte de los cristianos.

Tal y como suena. El arco que está ahí es en realidad el arco de Bib-Rambla. Sí, el de una de las plazas más famosas de la capital granadina. Dicho arco fue su día la única puerta de entrada a esa zona porque en la época en que se construyó, Bib-Rambla estaba rodeada por murallas.

 

Pero su historia no pasaría de ser eso, una simple anécdota, si no se atiende al nombre que los granadinos le pusieron durante el reinado de Felipe IV. Aunque hay distintas versiones, el arco es conocido popularmente como el de “las orejas”. Porque aunque pueda parecer tétrico, ahí hubo colgadas muchas.

Grabado Francisco_de_paula_mellado Puerta de BibRambla

Algunas personas decían que las orejas estaban ahí porque se colgaban tras arrancárselas a los delincuentes y demostrar lo que sucedía si te descubrían cometiendo un delito. Y otras voces aseguraron que lo que en realidad le dio nombre fue un tablao flamenco que se hundió bajo esa puerta dejando muchas muertes. Algo que aprovecharon algunos para ir a los cadáveres de las mujeres y cortarles las orejas para llevarse sus pendientes.

Ya en el siglo XIX su estado de conversación era tan malo que incluso se corría el riesgo de que la construcción se cayera encima de los que pasearan por la zona. Por eso tras muchos intentos, en la década de los años 30 del pasado siglo, se logró reconstruirlo aunque trasladando su ubicación a la actual. Al bosque de la Alhambra en el que parece vigilar que nadie le haga daño al monumento o hará bueno su mote de arco de las orejas.

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