El ciprés del Generalife que hizo llorar a Boabdil

Mucho, muchísimo se ha hablado del último rey moro de Granada. Tanto se ha hablado de él que para muchos granadinos incluso parece que sigue entre ellos. Que el espíritu de Boabdil nunca se fue y que sus desventuras siguen presentes tras los muros de la Alhambra. Una curiosa historia sirve para ilustrar esta afirmación.

Cuando la caída de Granada en manos de los cristianos era prácticamente un hecho. Cuando apenas quedaban unos años, Boabdil ya había llorado por una pérdida. No es que fuese capaz de imaginar el futuro y visualizase su adiós definitivo a Granada sino que el amor le asestó una puñalada en el corazón.

Fue Morayma la protagonista y un ciprés el testigo. La sultana de Boabdil se cansó de los delirios de grandeza de su esposo, más preocupado en evitar que resquebrajara su reino que en mantener viva la llama del amor que les había unido. Tan cansada estuvo que acabó por enamorarse de un amor furtivo.

cipres

Los sentimientos a flor de piel y los testigos mudos de los jardines más famosos de la Alhambra, los del Generalife, pusieron letras a este relato. Un lío de faldas y besos que a espaldas de Boabdil tejió su dolor sin que él lo supiera. Guardándole la leyenda un pequeño trozo de fortuna. Cuentan las malas lenguas que todo lo que Morayma hizo o deshizo con aquel amor clandestino, el de un noble de la casa de los Abencerrajes, tuvo lugar en el Generalife. Y casi de manera enfermiza bajo el mismo ciprés.

Dicho árbol, que se secó no hace demasiado tiempo si se tiene en cuenta la antigüedad del lugar, fue quien debió silbar al oído de Boabdil que su sultana no soñaba con él. Al enterarse, se apoderó de ira y la sinrazón tuvo su hueco en la historia de la Alhambra cuando el rey moro ordenó matar a todos los miembros de la casa de los Abencerrajes en una emboscada tan cobarde como innecesaria.

Así acababa la aventura de Morayma y así empezaba la leyenda del Generalife. Aquella que explica que bajo un ciprés, que dio nombre al Patio del Ciprés de la Sultana, tuvo lugar uno de los episodios más oscuros de cuantos se han vivido en la Alhambra por cuestiones que no fuesen meramente de estrategia militar. Allí estuvo hasta finales del siglo pasado en pie un ciprés que hizo llorar a Boabdil al hacerle partícipe de la traición más grande que el rey moro se llevó en su vida.

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