El ‘drama’ de conducir en Granada

Imagina que un día cualquiera te levantas, te tomas un café para activarte y te dispones a coger el coche para llegar al trabajo a tiempo. Ese día en concreto sales algo tarde, pero confías en que no haya demasiado tráfico. O eso crees hasta que empiezas a mover el coche de su apacible plaza de aparcamiento.

 

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Te dispones a llegar a la autovía, cosa que no parece demasiado difícil (MENTIRA) hasta que empieza la carrera de obstáculos de cada día. No es disparatado encontrar una bici con un remolque lleno de chatarra al intentar salir de Pajarito, cuyo conductor, a paso cada dos segundos, parece no darse cuenta de la cola de tres coches que acumula hasta que alguien decide pitar. Obviamente, ante la llamada de atención se muestra indignado.

Un incidente sin más, piensas, pero no. Llegas a un paso de peatones antes de incorporarte a la avenida de la Constitución, en verde para ti, y te ves obligado a frenar de golpe al ver un señor amagando a cruzar aunque su semáforo esté en rojo. Cuando ve que retomas la marcha y no te paras para dejarle cruzar, empieza a gritar algo inaudible para ti, que inteligentemente llevas la música puesta y las ventanillas subidas. Dos incidentes sin más, para qué preocuparse.

Hasta llegar a la autovía, nada de problemas. Sólo un autobús que no controla el giro hacia Severo Ochoa y casi de arrastra, una furgoneta haciendo eses a la altura de Plaza Einstein y más peatones cruzando cuando no deben a la salida del Hipercor. No hay que preocuparse, el camino por autovía será sencillo. Nada más entrar, apuras el carril de incorporación, porque los tres coches que vienen no ven buena idea hacerte un hueco. Tampoco le parece buena idea al camión que no te deja cambiar de carril y aun así no pasa de 75 km/hora yendo por la izquierda.

Cosas que pasan. Sin más incidentes (sólo un coche que se salta un stop y un frenazo tuyo más a la lista) llegas a cubrir tu jornada de trabajo. Se te olvida el drama del coche hasta que sales y te das cuenta de que por desgracia has llevado el coche, y tienes que volver a conducir para regresar a casa. Diez de la noche, seguro que es una hora tranquila para conducir. O eso crees hasta que te encuentras con que están asfaltando la autovía, a esa hora en la que aún hay bastante tránsito, en lugar de hacerlo de madrugada.

La entrada a la ciudad por la salida de Méndez Núñez, bien. Es normal que un coche te haga frenar en mitad de la rotonda porque decide coger la salida hacia Motril en el último momento. No pasa nada. Tampoco hay problema alguno en que un taxi decida pararse justo en la calle por la que tienes que girar. Y al llegar de nuevo a Pajaritos, nada de complicaciones. Sólo necesitas media hora para encontrar una plaza perfecta de aparcamiento. En el extremo opuesto del barrio.

Te bajas del coche con la idea de que al día siguiente usarás el transporte público para ahorrarte esos pequeños disgustos. Pero sabes que no lo vas a hacer, ni que conducir en Granada fuese un ‘drama’…

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