Cuando en Granada nadie lavaba la ropa

Vas por la calle, caminando por cualquier calle, plaza o rincón y te encuentras a personas bien vestidas (según el gusto de cada cual), aseadas y sobre todo, limpias. Salvo excepciones en las que vemos a determinados personajes que la higiene es una prima lejana de Murcia, hoy en día cualquier calle de Granada permite ver a personas que sobre todo, lavan su ropa.

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Pero esto no siempre ha sido así. Evidentemente antes de que se inventase la lavadora se lavaban las cosas. No te vamos a contar que nadie era limpio antes de ese invento y que ¡oh bendita máquina lava-ropa! No. Lo que te vamos a contar es una costumbre que se empezó a perder en el siglo XVIII pero que estaba muy extendida. Casi nadie lavaba la ropa.

Es más, era un ejercicio que se hacía apenas cada seis semanas. Ni siquiera en las zonas más ricas de la Granada de entonces. La razón era muy simple. Era muy costoso lavar a mano. No porque costase dinero como tal, porque no existían aparatos electrónicos para ello, sino porque suponía un esfuerzo muy importante para los granadinos de aquellos años.

Hay que tener en cuenta que la ropa de hace tres siglos poco tiene que ver con la de ahora. Salvando la mayor o menor calidad de ella, basta ver la ropa de invierno. Las personas en aquel tiempo portaban vestimentas muy pesadas porque llevaban varias capas de ropa con el objetivo de evitar el frío. Y no era algo que pasase solo en la calle, pues ahora más o menos pasa algo similar, sino que en casa debían ir muy abrigados por falta de infraestructuras para estar más cómodos.

¿Cuál era la solución entonces? Echarle perfume a la ropa para simular que estaba limpia. Fue precisamente en estos años cuando los perfumes empezaron a tener mucho más uso y se comercializaron muchas más fragancias. Lo que no nos queda claro es cómo olería la Granada de aquel tiempo.

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