La maldición de la última reina de la Alhambra

Detrás de un gran hombre, hay siempre una gran mujer. Dicha afirmación, que en los tiempos que corren debería ser revisada por no caer en discriminaciones por razón de sexo, tiene especial relevancia en la siguiente historia que vuelve a tener como protagonista a la dinastía nazarí de Granada. De una mujer caída en desgracia que soñó con algo que prácticamente no pudo disfrutar. Del amor imposible de Morayma por Granada y por su Alhambra.

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Morayma fue la esposa de Boabdil. De hecho contrajeron contrajeron matrimonio siendo ella muy joven. Quizá por eso, su inexperencia o la vida que le tocó vivir, hicieron que desde la boda comenzase la maldición que persiguió el resto de sus días a la reina mora. Con solo quince años se casó con el hombre destinado a decir adiós a Granada y a la Península Ibérica por parte de los musulmanes. Pocos días antes del enlace, el padre de Boabdil, Muley Hacén, encarceló a su hijo y separó a una joven Morayma de su amado teniendo que recluirse sola en un carmen próximo a la Cuesta del Chapiz.

Tras casarse, recluirse en el carmen y ser, sin ella saberlo, la última reina mora de Granada, la vida se le llenó de desdichas. Pues en la batalla de Lucena contra los Reyes Católicos su propio padre falleció y Boabdil cayó prisionero durante meses obligando a la joven reina a tener que abandonar sus funciones de nuevo y encerrarse en el carmen. Pero que Boabdil cayese preso no iba a saldarse sin consecuencias, la pobre Morayma tuvo que sufrir aún más pues en la liberación de su marido iba implícito que a cambio de ella debía entregar a sus propios hijos como rehenes.

Así fue como durante mucho tiempo Morayma se tuvo que ver de nuevo separada de algún ser querido, en este caso de sus hijos que ni siquiera dominaban el castellano y que apenas se tenían en pie a su corta edad. Un tiempo larguísimo para ella pues no volvió a ver a su hijos hasta que dejó de ser reina de Granada en 1492 cuando los Reyes Católicos conquistaron la ciudad.

Pero sus desgracias no habían acabado con aquello. Recluida casi todo el tiempo en la citada casa junto a la Cuesta del Chapiz, tuvo que hacerlo varias veces más, una incluso acompañada de Boabdil, por miedo a que los cristianos la apresaran y acabaran con su vida. Pese a ello siempre fue un gran apoyo para Boabdil. Hasta el punto de que la madre de éste le pidió a su hijo que se refugiase en Morayma tras su pérdida de Granada sin oponer resistencia.

Pero Morayma no podía dar mucho más. La mujer, que fue desterrada junto con Boabdil a la Alpujarra, había agotado en apenas 45 años sus fuerzas. No le quedaban ánimos tras perder casi todo y pasar los diez años de su reinado prácticamente encerrada y sin disfrutar de la Alhambra que tanto amaba. Murió solo un año después de que ella y Boabdil tuviesen que marcharse de Granada. Porque ni siquiera entonces la vida le dio tregua haciendo de Morayma una mujer destinada a padecer en su breve vida.

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