Una granadina descubre que su marido es sevillano y se divorcia de él

Hay veces en las que el amor acaba rompiéndose. La cuerda se tensa tanto que lo que un día fue cariño se convierte en todo lo contrario. En el caso de Julia y Roberto nada hacía indicar que su idílica relación estuviese a punto de terminar. Pero así ha sido, ella le ha pedido a él el divorcio tras descubrir que en realidad no es granadino.

Ambos, que se habían criado desde la adolescencia en Maracena, descubrieron que estaban enamorados cuando tenían 16 años. “Mi Roberto me quería muchísimo, íbamos a todas partes juntos y lo que es más importante, amábamos Granada” explica Julia sobre su relación. La pareja, que ya tiene 40 años, cumplía este año 10 de casados más otros 14 de novios.

Julia es sincera y aclara que “en todo este tiempo nunca había sospechado que Roberto no fuese granadino”. Sin embargo una mañana revisando el álbum familiar que tienen de su propia boda, ella descubrió que uno de los tíos de Roberto tenía unas sospechosas patillas largas, el pelo engominado y vestía con unos pantalones con tirantes. Ahí fue cuando su percepción sobre Roberto cambió.

“Después de ver la foto le llamé por teléfono y le pregunté que quién era ese hombre (…) él me dijo que era su tío Juan por lo que quise saber de dónde era y por qué yo no lo conocía” relata Julia. Roberto, al otro lado del móvil contestó que “Juan es un tío con el que casi no tengo contacto, qué más da”. Pero tras la insistencia de Julia, Roberto tuvo que confesar que “Juan es mi tío de Sevilla que además es mi padrino”.

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“¿Y tú por qué tienes un tío de Sevilla?” preguntó asustada Julia. “Porque mi padre y su familia son sevillanos” respondió Roberto. Tras ese intercambio de informaciones a Julia el corazón se le puso en la boca. “No me podía creer que estuviese casada con alguien que tuviese raíces sevillanas” sostiene. “Menos mal que tú no eres sevillano, Roberto” añadió algo aliviada la mujer. El propio Roberto no dudó y contestó que “Cariño, sobre eso, tenemos que hablar”.

Fue entonces cuando su marido le confesó a Julia que él había nacido en Sevilla y que con cinco años su familia se había mudado a Granada por cuestiones de trabajo. “A mí no me engaña, con cinco años le da tiempo a uno a sentirse sevillano y amar la Torre del Oro” comenta enfadada Julia. Pese a que Roberto insiste en que no se siente orgulloso de haber nacido en Sevilla y que para él “no hay nada más grande que Graná” sus excusas no han servido para que su mujer haya tomado la drástica decisión de divorciarse.

No en vano Julia es una granadina convencida. De esas que al hablar de Sevilla solo pueden comentar que “es muy bonita sin sevillanos”. Además la propia Julia y el falso granadino Roberto han viajado en alguna ocasión hacia Huelva dando un rodeo por Extremadura “para evitar pasar por Sevilla”. Por lo que descubrir que Roberto en realidad es sevillano ha sido “la decepción más grande de mi vida, no sé si se lo quiero contar a nuestros hijos que son además abonados del Granada”.

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