La leyenda que cuenta que Lorca no murió

Sobre Federico García Lorca hay mucho que hablar. Sobre su talento, sobre sus dotes con casi cualquier arte. Lorca inspira a millones de personas en el mundo y a todo aquel que algún día llegue a conocer su obra. Pero a Lorca se lo llevó la Guerra Civil española con un vil asesinato, como otros cientos de miles, que tuvieron lugar durante aquel conflicto.

Pero hay una leyenda urbana en Granada que siempre ha estado ahí y que ha tenido más o menos fuerza. Dicha leyenda habla sobre un tabú imposible de creer para la mayoría: que a Lorca no le asesinaron en 1936. Que de hecho Federico dejó de ser Federico para ocultarse bajo otro nombre durante años con el fin de pasar desapercibido.

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Igual que se dice que Shakespeare a lo mejor nunca existió, también hay quienes relatan que Federico supo que iban a por él y que tal y cómo escribió en alguno de sus poemas en más de una oportunidad, jamás le encontrarían. Pero ¿se refería en realidad a que su cadáver nunca sería encontrado por haber sido arrojado a una fosa común o lo que relataba era que no le encontrarían porque Federico nunca volvería a ser Federico?

La leyenda, contada por un panadero que asegura haber vivido con el poeta, dice que Federico sobrevivió a su propio fusilamiento y que se escondió con la ayuda de este artesano del pan. Una leyenda que avivó el periodista de lo paranormal, Haro Vallejo, quien cuenta que Federico fue recogido por este hombre tras su fusilamiento y que decidió rebautizarse como Manolo.

Así, bajo ese nuevo nombre, vivió casi veinte años más al cobijo de las monjas del convento de San Bartolomé que curaron las heridas del fusilamiento al que fue sometido. Un intento de asesinato que según Rogelio, que así se llamaba el panadero, le había dejado secuelas irreparables. Que Lorca perdió su memoria y por lo tanto todo su talento. Pero que a pesar de eso vivió 18 años más hasta 1954 cuando falleció posiblemente por un derrame cerebral.

El periodista Haro Vallejo relata que fue el panadero el que años después, durante la proyección de una película del NODO, vio por primera vez la cara de García Lorca y lo relacionó con el hombre al que le dio una segunda oportunidad al curarle sus heridas y darle casa en el convento de San Bartolomé. Había descubierto, según la leyenda, que el gran Federico no había muerto como todos creía y que él había sido su salvador. Tanto creyó la historia que incluso la acompañó de la fotografía que acompaña a este artículo en la que el hombre de la derecha parece ser el propio Federico.

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