Cuando en Darro y Lanjarón estaba prohibido morirse

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Hay que tener mala educación para molestar a los vecinos. Al menos eso debieron pensar quienes mandaban en Darro y Lanjarón entre finales del pasado siglo y comienzos del presente. En estas dos localidades muy queridas y conocidas de nuestra tierra, estuvo prohibido morirse. Como se lee.

La primera que abroncó a sus vecinos con que si se morían, iban a ser mal queridos, fue Lanjarón en 1999. Cuando el agua de Sierra Nevada seguía cayendo en sus embotellados milagros, el pueblo alpujarreño dijo que ya estaba bien de tener la curiosa afición de morirse. Que de tonterías las justas. Así su alcalde de entonces José Rubio Alonso les dijo a los vecinos que ni se les ocurriera poner fin a sus días. Que no había sitio en el cementerio.

A los tres años, a unos cuantos kilómetros de allí y en Darro otro alcalde pensó lo mismo. Blas Gómez, el edil darreño, se dio cuenta que por más que contaba nichos en el camposanto, que no había ni un solo hueco libre. Así que estaba claro, tampoco podía morirse nadie y lo dejó claro con una ley municipal.

Claro que en ambos casos, la parca pasó de las locuras de los pueblos granadinos y les dijo que si alguien tiene afición a morirse, que lo haga. Y pasó, vaya que si pasó, desde entonces no ha dejado de suceder. Como gustos colores.

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