El espíritu que vagaba por el Zaidín

Granada es una tierra abonada a la leyenda. A los fenómenos difíciles de explicar. Alguna incluso trasciende cuanto hayamos oído porque proviene de círculos menos oficiales que los libros o las historias contadas en un libro. En la leyenda que nos ocupa, los protagonistas son los niños y un tenebroso ser que los asustaba.

Corría la década de los 90 y principios de los 2000 cuando este que escribe pudo ser testigo de una leyenda que recorría todo el distrito Zaidín con especial incidencia en el barrio de los Vergeles y Mirasierra. Una clave: un hombre que caminaba solo. Un momento del día: el atardecer veraniego.

Los niños de entonces aseguraban que un hombre con aspecto uraño, de mediana edad y encorvado se solía dirigir a donde ellos se encontraban. Lo hacía de un modo tan lento y desconfiable que quienes se topaban con él no podían disimular su miedo. Nunca le vieron hablar con nadie, nunca le vieron entrar en ninguna casa y jamás ningún adulto les dio la razón.

“Son cosas de niños” aseguraban los mayores de entonces. Pero lo cierto es que los niños del Zaidín tenían conocimiento de un hombre que no era normal. Algunos incluso cuentan que le llegaron a mirar a los ojos y los tenía vacíos de vida. Que traspasaban la mirada del que los veía. De aquel pobre espíritu que vagó por el Zaidín poco se ha sabido desde entonces. Quizá siga asustando al atardecer a los niños que quieran jugar en plena calle.

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