La transformación de la Capilla Real que muchos granadinos no conocen

Granada encierra miles de historias. Muchas más que tiempo tendríamos para contarlas. De hecho, entre sus historias se podría decir sin miedo al error que tiene tantas como habitantes ha tenido la provincia. En la de hoy nos detenemos en un curioso cambio del que pocos de los granadinos actuales saben: el atrio de la Capilla Real.

Granada

Destinada a ser el lugar donde reposarían eternamente los restos de los Reyes Católicos, hace un siglo que la Capilla Real vivió varios cambios en muy poco tiempo. Aunque había permanecido adyacente a la Catedral durante cuatrocientos años, su fisonomía cambió por caprichos de los tiempos. Para empezar porque en 1915 se construyó a su entrada una estructura de color negro que se llamó atrio. Todo belleza y algo recargado para darle algún más solemnidad a la entrada del recinto religioso.

Pero ese mismo atrio cambiaría de emplazamiento para sorpresa de muchos y desconocimiento de otros. En la década de los 40 del pasado siglo, el llamado atrio de acceso a la Capilla Real, cambió su ubicación hacia una que todos conocemos hoy en día: la Gran Vía. Porque la curiosa entrada a la calle Oficios que permite andar paralelos a la Catedral y la propia Capilla Real, está constituida por el mismo atrio que durante 25 años fue puerta de entrada de este último edificio.

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