El fantasma que llevó a la locura al Duque de Gandía en Granada

El amor tras la muerte. El amor con la muerte. El amor hasta la muerte. Tres oraciones tan válidas como imperecederas cuando se trata de recordar la historia de un hombre que vivió en Granada una historia que le cambió para siempre. Él fue el Duque de Gandía y su amor por una mujer, a punto estuvo de costarle la vida.

Este desdichado duque vivió enamorado de la madre de Felipe II y por ende la esposa de Carlos I de España y V de Alemania, la emperatriz Isabel de Portugal. A la muerte de esta, el cortejo fúnebre que llevó su cadáver de Toledo hasta Granada fue comandado precisamente por el Duque de Gandía que profesaba una pasión desmedida hacia Isabel.

Pero fue ya en Granada, cuando cerca del arco de Elvira abrieron el ataúd que llevaba los restos de Isabel. En ese momento, el Duque se acercó al cuerpo y descubrió que la belleza de tiempos pasados había desaparecido. Triste, pronunció una frase para el recuerdo: “Los años vuelan rápidos, y jamás volverán por el camino que recorren”.

Tras ello, el cortejo continuó su marcha hasta la capilla Real pero en plena noche. Fue en ese momento, cuando en lo más alto, en pleno cielo, el Duque de Gandía vio un fantasma. Era el de su amada emperatriz Isabel de Portugal. La misma que yacía muerta en la ciudad de la Alhambra. Al verla sintió que lo sobrenatural le había advertido y decidió cambiar su vida radicalmente. Abandonó todos los lujos y se convirtió en monje apostando su vida a encontrar en lo divino, lo que la realidad le había arrebatado: el amor de Isabel.

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