El curioso homenaje al “mal” olor de Isabel la Católica que se esconde en el centro de Granada

Cuenta la leyenda -y alguna que otra biografía- que la reina que completó la Reconquista en el siglo XV junto con Fernando, Isabel la Católica, tenía un problema con la limpieza. No es de extrañar, en plena Edad Media casi nadie conocía el gusto y las virtudes de un buen baño para limpiarse. De ahí que muchos de los grandes monarcas de la época fuesen conocidos además de por sus hazañas, por sus efluvios corporales.

Y es que por lo que se conoce, Isabel la Católica no olía muy “católicamente”. Es más, su olor, especialmente en los últimos años de su vida, se asemejaba mucho al que tiene el ajo. Hay quienes dicen que ese mal olor tenía relación con la enfermedad que la llevó a la tumba. Pero otros apuntan a que era algo que la propia Isabel llevaba consigo desde hacía muchos años.

Pero en Granada, lugar en el que está enterrada en la Capilla Real, Isabel la Católica tiene un recuerdo doble y quizá con mala baba. Dicen la cultura popular que en la estatua que la reina tiene gobernando la entrada de Gran Vía con Reyes Católicos, tiene un olor peculiar en honor a la monarca. Las flores que adornan la estatua poseen un característico aroma que no es del todo agradable. Al parecer, hubo quienes quisieron rememorar en ellas el característico olor que poseyó Isabel la Católica.

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