La leyenda del duende de Guadix

La siguiente historia es una de esas que sirven para enseñar a los más pequeños y para que los mayores recuerden cómo hay que comportarse. Si bien es cierto que de ella se sabe mucho por la comarca de Guadix, el relato es sin duda ameno y divertido. Pues el mismo cuenta la historia de un holgazán y un ser que quiso obligarle a comportarse mejor.

Pedro, que así se llamaba el joven más vago presente en la historia, se dedicaba a cuidar un campo de trigo en lugar de llevar a cabo tareas más pesadas. Su única misión era esa pero una noche la fortuna le dio la espalda. Entre las plantaciones apareció una persona de pequeña estatura y ataviado con ropajes extraños. Dicho personaje pidió a Pedro que le diese un poco del trigo que cultivaban.

Al escuchar su petición, Pedro no dudó en reírse de la misma y hacerle ver que no solo no se la iba a dar, sino que iba a reírse de su escasa estatura. Palabras que, evidentemente, enfadaron al extraño visitante que no dudó un segundo en quemar toda la plantación de trigo.

Aquel suceso hizo que Pedro se viera acorralado al haber permitido que su única labor que era proteger el campo acabara en tragedia. No obstante, su suerte se abrió paso de manera inesperada cuando Juan, el agricultor más mayor de la zona le preguntó si se había negado a darle trigo al Duende de Churches. Pedro, sorprendido, confirmó que sí, que eso era lo que había sucedido.

El agricultor anciano sonrió y le dio un consejo a Pedro para lograr resolver todo lo sucedido. Le recomendó seguir la estela del arcoíris que se había abierto en el cielo tras una tormenta para encontrar la cueva del duende. Y que una vez allí aprovechara para pedirle disculpas.

Pedro siguió los consejos de Juan y se acercó a la misteriosa cueva. Una vez allí se volvió a encontrar con el llamado Duende de Churches al que pidió perdón por lo sucedido. Lo que provocó que el Duende decidiera perdonarle haciendo que Pedro se quedara dormido y despertara de nuevo ante su campo de trigo en la misma noche que había sucedido el incendio. Solo que ahora, su buen comportamiento le había librado de volver a provocar la ira del duende.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Verificación humana *