Un estudiante de la UGR, que quedó hace tres años en la piscina de Fuentenueva, sospecha que sus amigos ya no van a venir

Permanece cerrada a cal y canto desde hace ya cuatro veranos pero para Genaro Rodríguez, estudiante de Matemáticas de la Universidad de Granada, eso no ha sido motivo de importancia para seguir allí. Nos referimos a la piscina de Fuentenueva que cerró sus puertas en 2014 por última vez y que sin embargo, aún tiene un inquilino.


Lo curioso del caso es que Genaro quedó con sus amigos en el verano de 2015 para ir a la piscina y desde entonces no ha pasado un día en el que haya perdido la fe de que ellos vayan a aparecer. “Es cuestión de probabilidades que puedan aparecer en cualquier momento y si me voy a lo mejor ya no los encuentro” explica el estudiante de Matemáticas.
Genaro, que sigue vestido con su bañador y su camiseta de verano, asegura que no ha pasado demasiado frío estos últimos meses porque “cuando uno controla de números sabe arreglárselas”. Además, sostiene que ha llegado a un acuerdo con los gatos de la zona para que le proporcionen comida cuando tiene hambre. Aunque no suele pasar porque “matemáticamente sé gestionar mis energías”.
El principal problema para Genaro es que, aunque la piscina está cerrada, él no se atreve a irse porque no tiene móvil. “Mi móvil se quedó sin batería a finales de 2015 aunque lo puse en modo avión, y no he conseguido encenderlo” aclara. Sobre su familia, que podría estar esperándole, no tiene demasiada preocupación: “Somos una familia un poco despegada entre nosotros” explica.

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