Carta al poeta que nos enamoró de Granada: Federico García Lorca

Hola, ¿qué tal estás Federico?

 

Somos nosotros, tus vecinos. Aquellos que siempre te recordamos con una sonrisa de orgullo en el rostro. Hoy nos cuentan que habrías cumplido 120 años y la verdad, si no te hubieran arrebatado la vida, los habrías pasado. Porque tu talento y tu corazón eran propios de un ser inmortal. Por eso sigues vivo aquí. Aunque ya no te veamos.

Te escribimos esta carta porque no paramos de recordarte. Maldita sea, tu brujería para adivinar tu propio futuro en tus poemas nos mantiene cautivos a ellos. Parece que sigas contándonos historias de hoy desde tu mirada de hace ya casi un siglo. Federico, las cosas no han cambiado demasiado desde que no estás.

La gente sigue teniendo sueños. Quizá los mismos que tú tenías. Lo importante sigue reluciendo en el día a día. El amor, el respeto y también el odio y la desidia. La política y el modo de entenderla en este país siguen dejando mucho que desear desde que ya no estás. Los ricos siguen queriendo serlo y los pobres anhelando un respiro. Sigue habiendo gente que sufre y la Luna aún no ha logrado huir del niño que le pisa su blancor almidonado. Pero todo se degusta mejor a través del arte que nos legaste.

Porque aquí, en Granada, en tu Granada, parece que tus recuerdos van a regresar. Ya era hora. Te echábamos de menos a ti y a tu mirada crítica. A esa valentía cuando todos callaban de decir lo que pensabas sin miedo a lo que el futuro te deparara. Fuiste y eres una fuente de inspiración.

Por eso te escribimos esta carta. Para desearte un feliz cumpleaños y hacerte ver que jamás te olvidaremos. Eres nuestro vecino más universal y maldecimos cada día el momento en que algún desgraciado tuvo la idea de arrebatarte de nuestro lado. Por ti y por todos los que sufrieron lo que tú, Federico será siempre sinónimo de libertad.

Y si en algún momento tienes sensación de angustia, querido Federico, no sufras, que a tu Tarara la seguimos cuidando. Aquí sigue ella con su vestido blanco, lleno de volantes y de cascabeles.

Y aquí seguimos nosotros orgullosos de quererte tanto.

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