Una vegana de Granada admite a su círculo cercano que echa de menos un buen filete de cerdo

Prefiere mantener el anonimato aunque en su círculo de amigos ya lo saben todos: echa de menos comer carne. Ese es el testimonio de Lucía –nombre ficticio-, una joven granadina que lleva meses teniendo sueños profundos en los que se imagina comiendo un filete de ternera con patatas fritas.

Lucía se siente mal por ello y por eso ha decidido contárselo a su entorno más cercano para desahogarse. Porque no aguanta más. Teme que en cualquier momento las verduras dejen de satisfacerle y que no pueda reprimir su impulso de comer ternera acabando así con su lucha contra el maltrato animal.

Vegana por convicción, la chica sostiene ante sus amigos que “si no he comido todavía un buen filete es porque sé que si lo hago el mundo será un poquito peor”. No en vano, desde que ha dejado de consumir ternera la cifra de animales sacrificados ha caído drásticamente gracias a su trabajo. Cuando antes morían 2 animales, ahora siguen muriendo 2 pero con menos pena.

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